Queridos amigos:
En alguna de las inmortales páginas de Moby Dick, uno de los misteriosos marineros de Herman Melville le dice a su compañero: "Considéralos a ambos, el mar y la tierra; ¿dime si no encuentras un extraño parecido con algo dentro de ti mismo? Porque así como este tenebroso océano rodea la tierra verdecida, así también en el alma de cada hombre yace una isla como Tahití, llena de paz y alegría, pero circundada por todos los horrores de una vida que a él apenas le es conocida. ¡Por Dios, mantente en la isla, no te alejes de ella! Porque si lo haces, puede ser que tu barca jamás regrese".
La Dra. Montessori nos insistió siempre que el lugar propicio (acaso el único) en el tiempo de la vida de los hombres en donde pueden encontrar esta isla de quietud y serenidad es el de su irrepetible infancia. Ese momento brevísimo en que cada uno de nosotros encarna la personificación de la inocencia y del amor: el niño.
Un año más en el Centro Educativo Montessori en el que nos aplicaremos con entusiasmo y responsabilidad a nuestra bendita tarea de colaborar con los papás de tantos niños encantadores en la búsqueda de esa isla de quietud a la que puedan ir de vacaciones y cuando lo dessen el resto de sus vidas.
Guadalupe Espino